{"id":20386,"date":"2019-07-24T00:20:23","date_gmt":"2019-07-23T23:20:23","guid":{"rendered":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/?p=20386"},"modified":"2023-05-08T09:22:58","modified_gmt":"2023-05-08T09:22:58","slug":"las-temporeras-contra-la-esclavitud-llegan-a-the-new-york-times","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/ausaj.org\/?p=20386","title":{"rendered":"LAS TEMPORERAS CONTRA LA ESCLAVITUD LLEGAN A \u00abTHE NEW YORK TIMES\u00bb"},"content":{"rendered":"<blockquote>\n<h1 class=\"entry-title\" style=\"text-align: left;\"><span style=\"color: #008000; font-size: 18pt;\">Las \u2018Temporeras contra la esclavitud\u2019 llegan a The New York Times<\/span><\/h1>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\">Por Perico Echevarr\u00eda<\/span><\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/revista.lamardeonuba.es\/las-temporeras-contra-la-esclavitud-llegan-a-the-new-york-times\/\">La Mar de Onuba<\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-20368 size-full\" src=\"https:\/\/ausaj.org\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/New-York-Times-Temporeras.jpg\" alt=\"\" width=\"779\" height=\"438\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Las situaciones abuso y acoso laboral y sexual sufridas por trabajadoras marroqu\u00edes contratadas en origen para las campa\u00f1as de recogidas de frutos rojos en la provincia de Huelva siguen siendo objeto de inter\u00e9s informativo para destacados medios de comunicaci\u00f3n internacionales. Esta vez ha sido el prestigioso diario estadounidense\u00a0<a href=\"https:\/\/www.nytimes.com\/2019\/07\/20\/world\/europe\/spain-strawberry-fields-abuse.html?smtyp=cur&amp;smid=tw-nytimesworld\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">The New York Times<\/a>, considerado la \u00abbiblia del periodismo\u00bb, el que dedicaba en su edici\u00f3n del s\u00e1bado un extenso art\u00edculo a las conocidas en Espa\u00f1a como\u00a0<em>Temporeras contra la Esclavitud<\/em>, 10 mujeres que el pasado a\u00f1o denunciaron diferentes abusos y coacciones en la finca almonte\u00f1a Do\u00f1ana 1998, y cuyos casos siguen pendientes de resolver en dos juzgados de la La Palma del Condado (Huelva).<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<\/blockquote>\n<blockquote class=\"twitter-tweet\" data-width=\"500\" data-dnt=\"true\">\n<p lang=\"en\" dir=\"ltr\">Her boss started sexually harassing her as soon as she arrived at the strawberry farm. He pressured her to have sex, promising her a better life and working conditions if she gave in. When she resisted \u201che started forcing me to work harder,\u201d she said <a href=\"https:\/\/t.co\/X8SBdwoJM4\">https:\/\/t.co\/X8SBdwoJM4<\/a><\/p>\n<p>&mdash; New York Times World (@nytimesworld) <a href=\"https:\/\/twitter.com\/nytimesworld\/status\/1152718099046531072?ref_src=twsrc%5Etfw\">July 20, 2019<\/a><\/p><\/blockquote>\n<p><script async src=\"https:\/\/platform.twitter.com\/widgets.js\" charset=\"utf-8\"><\/script><\/p>\n<blockquote>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">El art\u00edculo, firmado por la periodista Aida Alami e ilustrado con fotograf\u00edas de Mar\u00eda Contreras Coll, hace un extenso relato de las situaciones vividas por la 10 mujeres, que a\u00fan permanecen en Espa\u00f1a y siguen ocultando su identidad por temor a las consecuencias en su pa\u00eds de haber sido v\u00edctimas de acoso sexual. Varia de ellas, ha venido informando esta revista desde que el caso salt\u00f3 a la luz p\u00fablica, han sido repudiadas por sus maridos, que han solicitado y obtenido el divorcio.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong><em>\u00abLas 10 mujeres decidieron hablar, sabiendo que corr\u00edan el riesgo de perderlo todo, incluido el respeto y el apoyo de sus familias conservadoras. Ahora est\u00e1n pagando ese precio, y hubieran sido aplastadas hace mucho tiempo si no fuera por el apoyo de los sindicatos, los activistas y la recaudaci\u00f3n de fondos en l\u00ednea\u00bb<\/em><\/strong><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Asimismo, el art\u00edculo hace hincapi\u00e9 en que Espa\u00f1a es el mayor exportador de la fruta en Europa, \u00abdonde son la base de una industria de 650 millones de d\u00f3lares. Andaluc\u00eda, donde trabajaban las mujeres, produce el 80 por ciento de las fresas de Espa\u00f1a\u00bb, y que en virtud de un acuerdo bilateral firmado en 2001, \u00abmiles de mujeres marroqu\u00edes trabajan de abril a junio en invernaderos de pl\u00e1stico en expansi\u00f3n para cultivar y cosechar la fruta. El acuerdo especifica que los trabajadores de temporada deben venir del campo, donde la pobreza y el desempleo son rampantes, y deben ser madres, por lo que quieren regresar a sus hogares, lo que la mayor\u00eda hace\u00bb.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">El diario describe este acuerdo como un\u00a0<em>win-win\u00a0<\/em>en el que todos ganan: \u00abuna oportunidad de ganancia para los marroqu\u00edes pobres, que dio a los agricultores espa\u00f1oles una mano de obra muy necesaria y de bajo costo\u00bb, y destaca que \u00abdurante a\u00f1os, los investigadores acad\u00e9micos y los activistas se han quejado de las condiciones de trabajo en las granjas aisladas, pero las autoridades en Espa\u00f1a y Marruecos han tomado poca o ninguna acci\u00f3n, dijeron funcionarios de sindicatos locales\u00bb.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">\u00abPero hace m\u00e1s de un a\u00f1o\u00bb, cuenta The New York Times, \u00ablas 10 mujeres decidieron hablar, sabiendo que corr\u00edan el riesgo de perderlo todo, incluido el respeto y el apoyo de sus familias conservadoras. Ahora est\u00e1n pagando ese precio, y hubieran sido aplastadas hace mucho tiempo si no fuera por el apoyo de los sindicatos, los activistas y la recaudaci\u00f3n de fondos en l\u00ednea\u00bb.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">\u00abAdem\u00e1s de los divorcios\u00bb, resalta el diario, \u00abmuchas de las mujeres dijeron haber sido avergonzadas y culpadas por algunos familiares y vecinos de Marruecos. Muchas dicen que sufren graves ataques de p\u00e1nico. Durante las entrevistas, algunas lloraron mientras otras gritaban de rabia\u00bb.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>\u00abQUIEN SE QUEJA ES DEVUELTO A MARRUECOS\u00bb<\/strong><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Asimismo, NYT destaca, atendiendo al testimonio de las 10 mujeres entrevistadas, que \u00abhay mujeres que se hab\u00edan acostumbrado al abuso, y las activistas locales [por los movimientos feministas y ONG que trabajan con las temporeras] dijeron que cualquier persona que se quejara era devuelta de inmediato a Marruecos\u00bb.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">\u00abEso es precisamente lo que sucedi\u00f3 despu\u00e9s de que H.H. buscara la ayuda de un sindicato local y abogados\u00bb, cuenta el peri\u00f3dico. \u00abCuando los abogados llegaron a la granja el 31 de mayo de 2018, un grupo de mujeres comenz\u00f3 a compartir sus preocupaciones, todas hablando al mismo tiempo en \u00e1rabe. Los activistas les pidieron que escribieran una lista de nombres y quejas. H. H. se fue con los abogados, pero tres d\u00edas despu\u00e9s, dijo, las mujeres de la lista, m\u00e1s de 100, fueron obligadas a subir a los autobuses y devueltas a Marruecos, algunas dicen que sin pagar se les deb\u00eda\u00bb, relata NYT.\u00a0\u00abNueve mujeres lograron escapar, pasando por encima y por debajo de las cercas porque la puerta de metal principal estaba cerrada con llave, rasgando sus ropas y corriendo por el bosque cuando se dirig\u00edan a Almonte, a unos pocos kil\u00f3metros de distancia\u00bb.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">\u00abSi bien sus casos son raros, hay precedentes\u00bb, asegura The New York Times, que cita casos anteriores, y destaca que \u00aben 2014, un tribunal de Huelva encontr\u00f3 a tres hombres culpables de una \u201cofensa contra la integridad moral y el acoso sexual\u201d. Sus v\u00edctimas fueron mujeres marroqu\u00edes que trabajaron para ellos en 2009\u00bb.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">\u00abEn respuesta a las cr\u00edticas en los medios de comunicaci\u00f3n el oto\u00f1o pasado\u00bb concluye el diario estadounidense, \u00abel gobierno espa\u00f1ol prometi\u00f3 implementar salvaguardas para esta temporada, y el ministro de trabajo de Marruecos tambi\u00e9n ha prometido mejores condiciones. Pero los trabajadores y los sindicatos dicen que poco o nada ha cambiado\u00bb. El diario tambi\u00e9n destaca que \u00abfuncionarios marroqu\u00edes, incluidos el ministro de trabajo y el embajador en Madrid, funcionarios espa\u00f1oles y varios representantes de asociaciones de agricultores, se negaron a comentar este art\u00edculo, al igual que el propietario de Do\u00f1ana 1998 de Almonte\u00bb.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">\u00abLas mujeres dicen que est\u00e1n decididas a defender sus casos hasta el final\u00bb, finaliza el art\u00edculo de NYT. \u00abLa denunciante inicial, H.H., trata de mantener el \u00e1nimo en alto. Cada vez que una de las mujeres se rompe, ella le recuerda que era su deber hablar para que otras pudieran trabajar en estos contratos sin temor. \u00abNunca lo dejar\u00e9 ir. Ya lo perd\u00ed todo. No tengo nada que perder. Luchar\u00e9 hasta morir\u00bb.<\/span><\/p>\n<\/blockquote>\n<h1 style=\"text-align: center;\"><span style=\"color: #008000; font-size: 14pt;\">\u2666\u2666\u2666\u2666\u2666<\/span><\/h1>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-20435\" src=\"https:\/\/ausaj.org\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/jornaleras-en-casa-de-los-abogados.jpg\" alt=\"\" width=\"480\" height=\"360\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h1 style=\"text-align: center;\"><span style=\"color: #008000; font-size: 14pt;\">\u2666\u2666\u2666\u2666\u2666<\/span><\/h1>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h1 id=\"headline\" class=\"story-heading\" style=\"text-align: center;\">Trabajadoras de los campos de fresas de Espa\u00f1a denuncian abusos<\/h1>\n<div class=\"css-acwcvw epjyd6m0\">\n<div class=\"css-vp77d3 epjyd6m1\">\n<div class=\"css-1baulvz\">\n<p class=\"css-16vrk19 e1jsehar1\"><span class=\"css-1baulvz\">Por Aida Alami<\/span><\/p>\n<p>New York Times<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<p><time class=\"css-rs1psd e16638kd0\" datetime=\"2019-07-20\">20 de Julio de 2019<\/time><\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.nytimes.com\/es\/2019\/07\/22\/temporeras-fresas-espana-marruecos\/\">https:\/\/www.nytimes.com\/es\/2019\/07\/22\/temporeras-fresas-espana-marruecos\/<\/a><\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.nytimes.com\/2019\/07\/20\/world\/europe\/spain-strawberry-fields-abuse.html?ref=nyt-es&amp;mcid=nyt-es&amp;subid=article\" rel=\"nofollow\">Read in English<\/a><\/p>\n<p>Rachel Chaundler ha contribuido a este reportaje<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"css-9elnc7\">\u00a0<\/div>\n<figure id=\"attachment_20387\" aria-describedby=\"caption-attachment-20387\" style=\"width: 678px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img decoding=\"async\" class=\"wp-image-20387 size-mh-magazine-content\" src=\"https:\/\/ausaj.org\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/merlin_157050177_27559883-b537-4150-b750-978426240173-superJumbo-678x381.jpg\" alt=\"\" width=\"678\" height=\"381\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-20387\" class=\"wp-caption-text\"><span style=\"color: #008000;\">Trabajadoras en una granja en Huelva, Espa\u00f1a. Con un acuerdo bilateral, miles de mujeres marroqu\u00edes trabajan de abril a junio para cultivar y cosechar fresas en Espa\u00f1a. Credit Mar\u00eda Contreras Coll para The New York Times<\/span><\/figcaption><\/figure>\n<p tabindex=\"-1\" data-para-count=\"223\" data-total-count=\"223\" data-intl-total-words=\"45\">\u00a0<\/p>\n<p id=\"story-continues-2\" class=\"story-body-text story-content\" style=\"text-align: justify;\" tabindex=\"-1\" data-para-count=\"223\" data-total-count=\"223\" data-intl-total-words=\"45\"><span style=\"font-size: 14pt;\">ALMONTE, Espa\u00f1a \u2014 Hace poco m\u00e1s de un a\u00f1o, una joven madre dej\u00f3 a sus hijos al cuidado de su esposo en Marruecos y se fue a trabajar a un campo de fresas cerca de la ciudad de Almonte, en la costa suroeste de Espa\u00f1a.<\/span><\/p>\n<p id=\"story-continues-3\" class=\"story-body-text story-content\" style=\"text-align: justify;\" tabindex=\"-1\" data-para-count=\"524\" data-total-count=\"747\" data-intl-total-words=\"128\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Embarazada de su tercer hijo y necesitada de dinero, le hicieron creer que podr\u00eda ganar unos cuantos miles de euros por el trabajo de varios meses, casi lo que se gana en un a\u00f1o en Marruecos. Ahora, en cambio, est\u00e1 varada en Espa\u00f1a, esperando un juicio despu\u00e9s de unirse a nueve mujeres m\u00e1s del mismo campo, Do\u00f1ana 1998 de Almonte, que han interpuesto demandas derivadas de sucesos ocurridos ah\u00ed, incluyendo acusaciones de hostigamiento y abuso sexual, violaci\u00f3n, trata de personas y varias violaciones laborales.<\/span><\/p>\n<p id=\"story-continues-5\" class=\"story-body-text story-content\" style=\"text-align: justify;\" tabindex=\"-1\" data-para-count=\"420\" data-total-count=\"1286\" data-intl-total-words=\"221\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Como otras mujeres entrevistadas para este art\u00edculo, la joven madre pidi\u00f3 que solo la identificaran con sus iniciales, L. H., por temor a la reacci\u00f3n de su esposo, familiares y otras personas cuando se vuelva a publicar el art\u00edculo en \u00e1rabe, como sucede con la mayor\u00eda de los art\u00edculos de The New York Times sobre Marruecos. Los esposos de algunas de las mujeres, entre ellas L. H., ya han solicitado el divorcio.<\/span><\/p>\n<p tabindex=\"-1\" data-para-count=\"420\" data-total-count=\"1286\" data-intl-total-words=\"221\">\u00a0<\/p>\n<figure id=\"attachment_20388\" aria-describedby=\"caption-attachment-20388\" style=\"width: 678px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-20388 size-mh-magazine-content\" src=\"https:\/\/ausaj.org\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/merlin_157050111_9bea39ee-45d2-411c-9ed6-c147ea341154-master1050-678x381.jpg\" alt=\"\" width=\"678\" height=\"381\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-20388\" class=\"wp-caption-text\"><span style=\"color: #008000;\"><span class=\"caption-text\">Invernaderos de pl\u00e1stico cerca de Cartaya, Espa\u00f1a. Las fresas son consideradas como oro rojo y son la base de una industria de 650 millones de d\u00f3lares en el pa\u00eds, que es el importador n\u00famero uno de esa fruta en Europa.<\/span><span class=\"credit\"><span class=\"visually-hidden\">Credit &#8211; <\/span>Mar\u00eda Contreras Coll para The New York Times<\/span><\/span><\/figcaption><\/figure>\n<p tabindex=\"-1\" data-para-count=\"113\" data-total-count=\"1399\" data-intl-total-words=\"241\">\u00a0<\/p>\n<p id=\"story-continues-7\" class=\"story-body-text story-content\" style=\"text-align: justify;\" tabindex=\"-1\" data-para-count=\"113\" data-total-count=\"1399\" data-intl-total-words=\"241\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Las mujeres dijeron que a menudo no ten\u00edan m\u00e1s opci\u00f3n que aguantar el abuso, y los expertos est\u00e1n de acuerdo.<\/span><\/p>\n<p id=\"story-continues-8\" class=\"story-body-text story-content\" style=\"text-align: justify;\" tabindex=\"-1\" data-para-count=\"404\" data-total-count=\"1803\" data-intl-total-words=\"306\"><span style=\"font-size: 14pt;\">\u201cLas ponen en una situaci\u00f3n en la que no tienen recursos; su sexualidad se convierte en la \u00fanica manera en que pueden sobrevivir\u201d, dijo Emmanuelle Hellio, una soci\u00f3loga que ha hecho una cr\u00f3nica sobre las condiciones en los campos. \u201cEl sexismo y el racismo provocan situaciones en las que no pueden quejarse y las relaciones de poder hacen que sea especialmente dif\u00edcil denunciar los abusos\u201d.<\/span><\/p>\n<p id=\"story-continues-9\" class=\"story-body-text story-content\" style=\"text-align: justify;\" tabindex=\"-1\" data-para-count=\"177\" data-total-count=\"1980\" data-intl-total-words=\"336\"><span style=\"font-size: 14pt;\">L. H. dijo que su jefe comenz\u00f3 a hostigarla sexualmente poco despu\u00e9s de su llegada. La presion\u00f3 para tener sexo al prometerle una mejor vida y mejores condiciones de trabajo.<\/span><\/p>\n<p id=\"story-continues-10\" class=\"story-body-text story-content\" style=\"text-align: justify;\" tabindex=\"-1\" data-para-count=\"248\" data-total-count=\"2228\" data-intl-total-words=\"375\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Cuando se resisti\u00f3, \u201ccomenz\u00f3 a obligarme a trabajar m\u00e1s arduamente\u201d, dijo, mientras trataba de calmar a su beb\u00e9, que naci\u00f3 en Espa\u00f1a. \u201cLas otras chicas me ayudaban cuando el trabajo en el campo se volv\u00eda demasiado dif\u00edcil para m\u00ed\u201d.<\/span><\/p>\n<p tabindex=\"-1\" data-para-count=\"248\" data-total-count=\"2228\" data-intl-total-words=\"375\">\u00a0<\/p>\n<figure id=\"attachment_20389\" aria-describedby=\"caption-attachment-20389\" style=\"width: 678px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-20389 size-mh-magazine-content\" src=\"https:\/\/ausaj.org\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/14strawberries3-master1050-678x381.jpg\" alt=\"\" width=\"678\" height=\"381\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-20389\" class=\"wp-caption-text\"><span style=\"color: #008000;\">L. H. con su hija en la casa que comparten con otras nueve mujeres en Espa\u00f1a. Credit Mar\u00eda Contreras Coll para The New York Times<\/span><\/figcaption><\/figure>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p id=\"story-continues-12\" class=\"story-body-text story-content\" style=\"text-align: justify;\" tabindex=\"-1\" data-para-count=\"115\" data-total-count=\"2343\" data-intl-total-words=\"394\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Ahora vive con las otras mujeres en un lugar que pidi\u00f3 que se mantuviera confidencial, mientras esperan el juicio.<\/span><\/p>\n<p id=\"story-continues-13\" class=\"story-body-text story-content\" style=\"text-align: justify;\" tabindex=\"-1\" data-para-count=\"60\" data-total-count=\"2403\" data-intl-total-words=\"403\"><span style=\"font-size: 14pt;\">\u201cEstoy deprimida y me da miedo buscar trabajo\u201d, comenta.<\/span><\/p>\n<p id=\"story-continues-14\" class=\"story-body-text story-content\" style=\"text-align: justify;\" tabindex=\"-1\" data-para-count=\"254\" data-total-count=\"2657\" data-intl-total-words=\"448\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Las fresas son llamadas el oro rojo de Espa\u00f1a,\u00a0<a href=\"https:\/\/www.cbi.eu\/market-information\/fresh-fruit-vegetables\/fresh-strawberries\/\">el exportador n\u00famero uno de esa fruta en Europa<\/a>, donde son la base de una industria de 650 millones de d\u00f3lares. Andaluc\u00eda, donde trabajaban las mujeres, produce el 80 por ciento de las fresas de Espa\u00f1a.<\/span><\/p>\n<p id=\"story-continues-15\" class=\"story-body-text story-content\" style=\"text-align: justify;\" tabindex=\"-1\" data-para-count=\"408\" data-total-count=\"3065\" data-intl-total-words=\"517\"><span style=\"font-size: 14pt;\">A trav\u00e9s de un acuerdo bilateral firmado en 2001, miles de mujeres marroqu\u00edes trabajan de abril a junio bajo extensos invernaderos de pl\u00e1stico con el fin de cultivar y cosechar la fruta. El acuerdo especifica que las trabajadoras de temporada deben provenir del campo, donde la pobreza y la falta de empleo son generalizadas, y deben ser madres, para que quieran regresar a casa, lo cual hace la mayor\u00eda.<\/span><\/p>\n<p tabindex=\"-1\" data-para-count=\"408\" data-total-count=\"3065\" data-intl-total-words=\"517\">\u00a0<\/p>\n<figure id=\"attachment_20390\" aria-describedby=\"caption-attachment-20390\" style=\"width: 678px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-20390 size-mh-magazine-content\" src=\"https:\/\/ausaj.org\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/foto-notas-ortografia-nyt-678x381.jpg\" alt=\"\" width=\"678\" height=\"381\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-20390\" class=\"wp-caption-text\"><span style=\"color: #008000;\">Notas usadas por una temporera para aprender espa\u00f1ol. Credit Mar\u00eda Contreras Coll para The New York Times<\/span><\/figcaption><\/figure>\n<p tabindex=\"-1\" data-para-count=\"205\" data-total-count=\"3270\" data-intl-total-words=\"550\">\u00a0<\/p>\n<p id=\"story-continues-17\" class=\"story-body-text story-content\" style=\"text-align: justify;\" tabindex=\"-1\" data-para-count=\"205\" data-total-count=\"3270\" data-intl-total-words=\"550\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Se consider\u00f3 un acuerdo en el que todos ganaban: una oportunidad de ingresos para las marroqu\u00edes pobres, que proporcionaban a los granjeros espa\u00f1oles la mano de obra de bajo costo que tanto necesitaban.<\/span><\/p>\n<p id=\"story-continues-18\" class=\"story-body-text story-content\" style=\"text-align: justify;\" tabindex=\"-1\" data-para-count=\"276\" data-total-count=\"3546\" data-intl-total-words=\"590\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Durante a\u00f1os, los investigadores acad\u00e9micos y activistas se han quejado de las condiciones de trabajo en las granjas aisladas, pero las autoridades en Espa\u00f1a y Marruecos han tomado escasas o ninguna medida, se\u00f1alaron funcionarios de los sindicatos locales de trabajadores.<\/span><\/p>\n<p id=\"story-continues-19\" class=\"story-body-text story-content\" style=\"text-align: justify;\" tabindex=\"-1\" data-para-count=\"349\" data-total-count=\"3895\" data-intl-total-words=\"649\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Sin embargo, hace m\u00e1s de un a\u00f1o, las diez mujeres decidieron alzar la voz, a sabiendas de que se arriesgaban a perderlo todo, incluidos el respeto y el apoyo de sus familias conservadoras. Ahora est\u00e1n pagando ese precio, y habr\u00edan sido aplastadas hace mucho si no fuera por el apoyo de sindicatos, activistas y\u00a0<a href=\"https:\/\/www.gofundme.com\/temporeras-contra-la-esclavitud\">recaudaciones de fondos en l\u00ednea<\/a>.<\/span><\/p>\n<p tabindex=\"-1\" data-para-count=\"349\" data-total-count=\"3895\" data-intl-total-words=\"649\">\u00a0<\/p>\n<figure id=\"attachment_20392\" aria-describedby=\"caption-attachment-20392\" style=\"width: 678px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-20392 size-mh-magazine-content\" src=\"https:\/\/ausaj.org\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/3-merlin_157050174_1da3eef9-b6ee-41f5-99f8-5a098f4c7841-master1050-678x381.jpg\" alt=\"\" width=\"678\" height=\"381\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-20392\" class=\"wp-caption-text\"><span style=\"color: #008000;\">Cosechando moras azules en una granja espa\u00f1ola Credit Mar\u00eda Contreras Coll para The New York Times<\/span><\/figcaption><\/figure>\n<p tabindex=\"-1\" data-para-count=\"259\" data-total-count=\"4154\" data-intl-total-words=\"689\">\u00a0<\/p>\n<p id=\"story-continues-21\" class=\"story-body-text story-content\" style=\"text-align: justify;\" tabindex=\"-1\" data-para-count=\"259\" data-total-count=\"4154\" data-intl-total-words=\"689\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Adem\u00e1s de los divorcios, muchas de las mujeres dijeron que han sido humilladas y culpadas por algunos familiares y vecinos en Marruecos. Muchas dicen que sufren de graves ataques de p\u00e1nico. Durante las entrevistas, algunas lloraron; otras gritaron de rabia.<\/span><\/p>\n<p id=\"story-continues-22\" class=\"story-body-text story-content\" style=\"text-align: justify;\" tabindex=\"-1\" data-para-count=\"230\" data-total-count=\"4384\" data-intl-total-words=\"729\"><span style=\"font-size: 14pt;\">La primera en hablar fue H. H., de 37 a\u00f1os, quien dijo que decidi\u00f3 que ya no pod\u00eda soportar en silencio las duras condiciones de trabajo y la cultura generalizada de hostigamiento sexual e incluso las violaciones en los campos.<\/span><\/p>\n<p id=\"story-continues-23\" class=\"story-body-text story-content\" style=\"text-align: justify;\" tabindex=\"-1\" data-para-count=\"211\" data-total-count=\"4595\" data-intl-total-words=\"761\"><span style=\"font-size: 14pt;\">\u201cMe sent\u00eda como una esclava, como un animal\u201d, dijo durante una entrevista. \u201cNos trajeron para explotarnos y despu\u00e9s enviarnos de regreso. Desear\u00eda haberme ahogado en el mar antes de llegar a Espa\u00f1a\u201d.<\/span><\/p>\n<p tabindex=\"-1\" data-para-count=\"211\" data-total-count=\"4595\" data-intl-total-words=\"761\">\u00a0<\/p>\n<figure id=\"attachment_20394\" aria-describedby=\"caption-attachment-20394\" style=\"width: 678px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-20394 size-mh-magazine-content\" src=\"https:\/\/ausaj.org\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/4-merlin_157050222_f6eaf50b-a763-4859-b5c1-93bec3e0fb30-master1050-678x381.jpg\" alt=\"\" width=\"678\" height=\"381\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-20394\" class=\"wp-caption-text\"><span style=\"color: #008000;\">Una de las diez mujeres que han presentado demandas. Como las otras, ella solicit\u00f3 que su identidad fuera mantenida en secreto debido al temor de c\u00f3mo reaccionar\u00edan sus familiares y otras personas. Credit Mar\u00eda Contreras Coll para The New York Times<\/span><\/figcaption><\/figure>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">*Como madre de dos hijos, hab\u00eda trabajado como entrenadora deportiva en su casa y se inscribi\u00f3 en el programa de la granja despu\u00e9s de ver a las mujeres regresar a Marruecos con $ 3,500 en ahorros, m\u00e1s de lo que podr\u00edan ganar en un a\u00f1o en casa. Ella y las otras mujeres dicen que se les prometieron muchas cosas, como vivir solo cuatro en una habitaci\u00f3n, con una cocina y una lavadora.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">*En cambio, se encontr\u00f3 en una habitaci\u00f3n polvorienta y abarrotada con otras cinco mujeres, escondiendo su comida y ropa debajo de su colch\u00f3n y cubriendo las ventanas abiertas con cart\u00f3n para alejar a los mosquitos. Sin el entrenamiento que le hab\u00edan prometido, al principio fue lenta, y otros tuvieron que ayudarla a ponerse al d\u00eda para que no se le negara el trabajo.<\/span><\/p>\n<p class=\"css-exrw3m evys1bk0\" style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt; text-align: justify;\">Con el tiempo, se hart\u00f3 de trabajar largas jornadas sin pausas para ir al ba\u00f1o y de tener que ganarse la simpat\u00eda de los gerentes para obtener suficiente trabajo y poder comprar comida, ya ni hablar de ahorrar. No la atacaron, dijo, pero se sent\u00eda horrorizada por lo que hab\u00edan sufrido otras. Dijo que los abortos eran rutinarios, muchos de ellos despu\u00e9s de ser v\u00edctimas de coerci\u00f3n sexual.<\/span><\/p>\n<figure id=\"media-100000006610916\" class=\"media photo media-100000006610916 embedded layout-jumbo-horizontal ratio-tall\" role=\"group\" data-media-action=\"modal\" aria-label=\"media\"><\/figure>\n<p tabindex=\"-1\" data-para-count=\"211\" data-total-count=\"4595\" data-intl-total-words=\"761\">\u00a0<\/p>\n<figure id=\"attachment_20395\" aria-describedby=\"caption-attachment-20395\" style=\"width: 678px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-20395 size-mh-magazine-content\" src=\"https:\/\/ausaj.org\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/5-merlin_157050087_e6c0b4ef-c82f-4713-978a-cb1e5846d60d-master1050-678x381.jpg\" alt=\"\" width=\"678\" height=\"381\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-20395\" class=\"wp-caption-text\"><span style=\"color: #008000;\">Dentro de una de las habitaciones que las temporeras marroqu\u00edes comparten, en Finca La Ca\u00f1ada, en Almonte, Espa\u00f1a. Credit Mar\u00eda Contreras Coll para The New York Times<\/span><\/figcaption><\/figure>\n<p tabindex=\"-1\" data-para-count=\"211\" data-total-count=\"4595\" data-intl-total-words=\"761\">\u00a0<\/p>\n<p id=\"story-continues-27\" class=\"story-body-text story-content\" style=\"text-align: justify;\" tabindex=\"-1\" data-para-count=\"170\" data-total-count=\"5163\" data-intl-total-words=\"855\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Dijo que las mujeres se hab\u00edan acostumbrado a los abusos; los activistas locales dijeron que cualquiera que se quejara era enviada inmediatamente de regreso a Marruecos.<\/span><\/p>\n<p id=\"story-continues-28\" class=\"story-body-text story-content\" style=\"text-align: justify;\" tabindex=\"-1\" data-para-count=\"287\" data-total-count=\"5450\" data-intl-total-words=\"906\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Eso es precisamente lo que pas\u00f3 despu\u00e9s de que H. H. buscara la ayuda de un sindicato local de trabajadores y abogados. Cuando los abogados llegaron a la granja el 31 de mayo de 2018, un grupo de mujeres comenz\u00f3 a expresar sus preocupaciones, todas hablando al mismo tiempo en \u00e1rabe.<\/span><\/p>\n<p id=\"story-continues-29\" class=\"story-body-text story-content\" style=\"text-align: justify;\" tabindex=\"-1\" data-para-count=\"325\" data-total-count=\"5775\" data-intl-total-words=\"963\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Los activistas les pidieron que escribieran una lista de nombres y quejas. H. H. se fue con los abogados pero, tres d\u00edas m\u00e1s tarde, dijo, las mujeres de la lista \u2014m\u00e1s de cien\u2014 fueron obligadas a subirse a autobuses y fueron enviadas de regreso a Marruecos, algunas dicen que ni siquiera les pagaron lo que les deb\u00edan.<\/span><\/p>\n<p id=\"story-continues-30\" class=\"story-body-text story-content\" style=\"text-align: justify;\" tabindex=\"-1\" data-para-count=\"235\" data-total-count=\"6010\" data-intl-total-words=\"1001\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Nueve mujeres lograron escapar, pasando por encima y debajo de cercas porque la puerta principal de metal estaba cerrada, rasg\u00e1ndose la ropa y corriendo en el bosque para encontrar el camino hacia Almonte, a unos kil\u00f3metros de all\u00ed.<\/span><\/p>\n<p tabindex=\"-1\" data-para-count=\"235\" data-total-count=\"6010\" data-intl-total-words=\"1001\">\u00a0<\/p>\n<figure id=\"attachment_20396\" aria-describedby=\"caption-attachment-20396\" style=\"width: 678px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-20396 size-mh-magazine-content\" src=\"https:\/\/ausaj.org\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/6-merlin_157050081_f40d7158-8cec-485d-94c7-c9f7637b202f-master1050-678x381.jpg\" alt=\"\" width=\"678\" height=\"381\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-20396\" class=\"wp-caption-text\"><span style=\"color: #008000;\">Una temporera marroqu\u00ed en una cocina compartida en Finca La Ca\u00f1ada, en Almonte, Huelva, Espa\u00f1a Credit Mar\u00eda Contreras Coll para The New York Times<\/span><\/figcaption><\/figure>\n<p tabindex=\"-1\" data-para-count=\"279\" data-total-count=\"6289\" data-intl-total-words=\"1048\">\u00a0<\/p>\n<p id=\"story-continues-32\" class=\"story-body-text story-content\" style=\"text-align: justify;\" tabindex=\"-1\" data-para-count=\"279\" data-total-count=\"6289\" data-intl-total-words=\"1048\"><span style=\"font-size: 14pt;\">\u201cHab\u00eda escuchado historias antes, pero todas cre\u00edamos que eran mentiras hasta que lo vivimos en carne propia\u201d, dijo una de ellas. \u201cNos dimos cuenta de que, cuando la gente alza la voz, encuentran maneras de callarla\u201d. Las nueve mujeres se unieron a H. H. en la demanda.<\/span><\/p>\n<p id=\"story-continues-33\" class=\"story-body-text story-content\" style=\"text-align: justify;\" tabindex=\"-1\" data-para-count=\"442\" data-total-count=\"6731\" data-intl-total-words=\"1116\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Aunque sus demandas no son comunes, tienen precedentes. En 2014, un tribunal en Huelva, Espa\u00f1a, declar\u00f3 a tres hombres culpables de una \u201cofensa en contra de la integridad moral y de hostigamiento sexual\u201d. Las v\u00edctimas eran mujeres marroqu\u00edes que trabajaron para ellos en 2009. Un art\u00edculo en El Pa\u00eds en 2010, \u201c<a href=\"https:\/\/elpais.com\/diario\/2010\/06\/13\/domingo\/1276401156_850215.html\">V\u00edctimas del oro rojo<\/a>\u201d, document\u00f3 una serie de acusaciones sexuales por parte de trabajadoras polacas y marroqu\u00edes.<\/span><\/p>\n<p id=\"story-continues-34\" class=\"story-body-text story-content\" style=\"text-align: justify;\" tabindex=\"-1\" data-para-count=\"307\" data-total-count=\"7038\" data-intl-total-words=\"1163\"><span style=\"font-size: 14pt;\">En respuesta a las cr\u00edticas en los medios a finales del a\u00f1o pasado, el gobierno espa\u00f1ol prometi\u00f3 implementar salvaguardas para esta temporada, y el ministro marroqu\u00ed del Trabajo tambi\u00e9n ha prometido mejores condiciones. Sin embargo, los trabajadores y los sindicatos dicen que poco o nada ha cambiado.<\/span><\/p>\n<p id=\"story-continues-35\" class=\"story-body-text story-content\" style=\"text-align: justify;\" tabindex=\"-1\" data-para-count=\"275\" data-total-count=\"7313\" data-intl-total-words=\"1200\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Los funcionarios marroqu\u00edes, entre ellos el ministro del Trabajo y el embajador en Madrid, funcionarios espa\u00f1oles y varios representantes de asociaciones agr\u00edcolas, rechazaron hacer comentarios para este art\u00edculo, al igual que el propietario de Do\u00f1ana 1998 de Almonte.<\/span><\/p>\n<div class=\"css-53u6y8\">\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">*\u00bbNuestro trabajo se detiene en T\u00e1nger; m\u00e1s all\u00e1, se convierte en un asunto espa\u00f1ol\u00bb, dijo Noureddine Benkhalil, gerente de ANAPEC, la agencia que recluta a las mujeres en Marruecos, el a\u00f1o pasado en una cadena de televisi\u00f3n local.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">*En un correo electr\u00f3nico, una portavoz de la comisi\u00f3n en la Uni\u00f3n Europea dijo que no toleraba la explotaci\u00f3n laboral, pero dijo que Espa\u00f1a era responsable de abordar el problema.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">*Las mujeres dicen que est\u00e1n decididas a ver sus casos hasta el final. El denunciante inicial, H.H., trata de mantener el \u00e1nimo en alto. Cada vez que una de las mujeres se rompe, ella le recuerda que era su deber hablar para que otras pudieran trabajar en estos contratos sin temor.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">*\u00bbNunca lo dejar\u00e9 ir\u00bb, dijo H.H. \u00abYa lo perd\u00ed todo. No tengo nada que perder. Luchar\u00e9 hasta morir.<\/span><\/p>\n<hr \/>\n<\/div>\n<p tabindex=\"-1\" data-para-count=\"211\" data-total-count=\"4595\" data-intl-total-words=\"761\">NOTA: Los p\u00e1rrafos marcados con (*) solo obran en el original en ingl\u00e9s, no en la versi\u00f3n traducida por el propio NYT en castellano\u00a0<\/p>\n<p tabindex=\"-1\" data-para-count=\"211\" data-total-count=\"4595\" data-intl-total-words=\"761\"><a href=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/author\/punto-critico\/\"><br \/>\n<img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-48\" src=\"https:\/\/ausaj.org\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/Mosca_Punto_Cr\u00edtico_40.png\" alt=\"\" width=\"70\" height=\"70\" \/><\/a><\/p>\n<p tabindex=\"-1\" data-para-count=\"211\" data-total-count=\"4595\" data-intl-total-words=\"761\">\u00a0<\/p>\n<p tabindex=\"-1\" data-para-count=\"211\" data-total-count=\"4595\" data-intl-total-words=\"761\">\u00a0<\/p>\n<p tabindex=\"-1\" data-para-count=\"211\" data-total-count=\"4595\" data-intl-total-words=\"761\">\u00a0<\/p>\n<p tabindex=\"-1\" data-para-count=\"211\" data-total-count=\"4595\" data-intl-total-words=\"761\">\u00a0<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<div class=\"mh-excerpt\"><p>Las \u2018Temporeras contra la esclavitud\u2019 llegan a The New York Times Por Perico Echevarr\u00eda La Mar de Onuba &nbsp; &nbsp; Las situaciones abuso y acoso laboral y sexual sufridas por trabajadoras marroqu\u00edes contratadas en origen <a class=\"mh-excerpt-more\" href=\"https:\/\/ausaj.org\/?p=20386\" title=\"LAS TEMPORERAS CONTRA LA ESCLAVITUD LLEGAN A \u00abTHE NEW YORK TIMES\u00bb\">[&#8230;]<\/a><\/p>\n<\/div>","protected":false},"author":5,"featured_media":20414,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[18],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/ausaj.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/20386"}],"collection":[{"href":"https:\/\/ausaj.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/ausaj.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/ausaj.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/ausaj.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=20386"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/ausaj.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/20386\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":2286578,"href":"https:\/\/ausaj.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/20386\/revisions\/2286578"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/ausaj.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/20414"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/ausaj.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=20386"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/ausaj.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=20386"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/ausaj.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=20386"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}